La felicidad es un huevo frito. Con puntilla.

En estos últimos meses he experimentado -y por tanto hablo de una experiencia propia y no pretendo sentar cátedra ni dictar paradigmas- con intensidad la simplicidad de la vida. Estar en paz es tan sencillo como respirar, como detenerse a observar el cuerpo, como caminar o pararse. Como vestirse, cruzar la calle o freír un huevo. Cosas que todos podemos hacer y que podemos convertir en instantes de magia. Uno tras otro. Significando esa felicidad de la que tanto se habla y que tan poco se practica.

Así que, querid@ amig@, puedes cascar un huevo sin más, echarlo a la sartén y esperar a que esté listo. O puedes optar por cascarlo por la mitad, con un decidido y a su vez gentil golpe de muñeca contra el borde de la sartén. Con una exhalación y el cuerpo bien anclado a la tierra decantar el huevo en la sartén que ya tiene un dedo de aceite caliente. Al ritmo adecuado, sin prisa pero sin pausa, intentando que el planeta-yema quede en el centro del universo-clara. Moviéndote con un suave balanceo puedes hacer deslizar el huevo por la superficie de teflón para que no se pegue e ir cubriéndolo de aceitito para que la yema quede en su punto y en el contorno blanco se forme una puntilla algo más oscura y crujiente.

Claro, tal vez lo de la puntilla no te salga a la primera. Por eso es necesaria la práctica. La repetición amorosa, la aceptación de los resultados menos lucidos, la presencia y la entrega absoluta a la coreografía en la cocina. Y así, ese huevo frito es siempre disfrutado. Y después uno se olvida, porque habrá más huevos.
¿Acaso no podemos embellecer muchos más momentos de nuestra vida? ¿Ponerles más magia, buen humor y creatividad? Me parece que “ser feliz” entendiéndolo como estar bien con uno y con lo que le rodea, no es un camino reservado a una élite de iluminados, o de ricos en posesiones materiales.
Hacer del instante algo auténtico y real es simple. Está al alcance de todos. Ese poder está dentro de cada uno de nosotros. Tal vez por ser tan simple da miedo. Ser responsable de la felicidad de uno mismo da vértigo. ¿O no?

PD: y esto no significa que a veces uno no pueda ir por la calle en piloto automático con cara de ajo o cabrearse porque no le abrocha el pantalón.

PD2: pido disculpas a vegetarianos, vegamos y otros colectivos que no consumen huevos por la metáfora. Fue la primera que se me ocurrió.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s